Acabó el partido con el Sporting y Luis Suárez caminaba al encuentro del árbitro Clos Gómez para recoger su segundo balón consecutivo que debía llevarse a casa. Cuatro goles en Riazor y otros cuatro en el Camp Nou al equipo asturiano valían ese último paseo del delantero uruguayo. Acabó el partido y Neymar dobló la cintura. No, no es una metáfora. Fue tal cual. Terminada la goleada al Sporting, el delantero brasileño se agachó apoyando sus manos en las rodillas. Era una imagen inédita del joven brasileño que vino para ayudar a que Messi siguiera siendo el número uno y al que ahora, cuando él vive sus peores días provocando con su gris e ineficaz fútbol murmullos y silbidos del Camp Nou, es Messi quien tiene que salir, precisamente, a su rescate. Pero tanto Luis Enrique como sus compañeros no paran de mimarle.